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Bienvenido al primer portal dedicado específicamente al Departamento de HUEHUETENANGO,  Guatemala. Acá puede encontrar toda información relacionada a éste lindo departamento localizado en las montañas de Guatemala, Centro América.

 

 

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A galope en el Unicornio Azul
Cabalgar en la sierra de los Cuchumatanes, a más de 3 mil 200 metros sobre el nivel del mar, es estar cerca del cielo y volar entre las nubes. Galopar en el Unicornio Azul es penetrar los agrestes montes del altiplano.

Texto y fotos: Francisco Mauricio Martínez

La temperatura bajo cero hace tiritar a los jinetes, quienes con apuro tratan de ensillar su caballo. Algunos lo hacen con facilidad debido a que tienen conocimientos ecuestres, otros sólo tratan de imitarlos. Son las cinco de la mañana y los amantes de la equitación están a punto de iniciar un viaje de cinco días que los conducirá por escarpadas montañas y planicies de Huehuetenango y del Triángulo Ixil.

Los ranchos ubicados cerca de la Laguna de Magdalena, sirven de descanso a los jinetes.

El sol aún no aparece, pero los primeros choques de los cascos de los caballos con la grama se escuchan por todas partes en el Centro de Turismo Ecuestre Unicornio Azul. Los primeros trotes descubren ante los jinetes pequeñas colinas de rocas y planicies verdes, pero sin ningún tipo de cultivo: El clima árido no permite el crecimiento de las siembras.

Desde octubre de 1998 Fernando Mejía, guatemalteco y Pauline Décamps, francesa, buscan introducir un nuevo concepto de hacer turismo en el país. Construyeron en la cima de los Cuchumatanes, a más de 3 mil metros de altura, en Chiantla , Huehuetenango, un centro de turismo ecuestre en el que ofrecen travesías a caballo, desde una hora, hasta nueve días.

Los viajes se realizan en verano, de noviembre a mayo en el departamento de Huehuetenango, (Todos Santos, Magdalena, Cumbre). En marzo y abril en el área ixil, más húmeda. En invierno, sobre todo de junio a agosto, es muy factible pasear a caballo, escogiendo itinerarios más cortos sobre el frescor de la meseta.

El reto

El paso del tiempo permite a los jinetes observar otros ambientes. Después de recorrer extensas llanuras y vegas, los ojos de los turistas se detienen ante la variedad de colores de la laguna de Magdalena. La belleza del lugar permite a los turistas continuar el trote.

En la cordillera, los espacios son infinitos, únicamente marcados por las rocas, los cactos y los pinos y de vez en cuando, unas casitas de adobes con techos de tejas o de manil. El aire es de una gran pureza, el silencio es solamente interrumpido por un rebaño que pasa o un jinete al galope.

El aire frío de la región no permite sentir los fuertes rayos del sol del medio día. Sin embargo, el hambre y el cansancio indica a los aficionados a la equitación que el río que está frente a sus ojos es el lugar ideal para consumir alimentos. Algunos, desafiando el frío se meten al río junto a sus caballos, los cuales retozan dentro del agua.

Otros visitantes se acomodan bajo de un árbol y hacen la siesta. Los amantes de las artes o la literatura leen un libro o escriben en su diario las peripecias y dificultades de la aventura. Con nuevos bríos los jinetes continúan su aventura; sin embargo, a las 17 horas deciden concluir la jornada. Es el momento de pensar en el descanso.

Lo primero que hace cada jinete es buscar que su caballo se sienta lo más cómodo posible durante la noche. Por eso algunos quitan la silla al equino y le dan de comer. "En los viajes tratamos que los clientes, con la ayuda nuestra, se involucren y se responsabilicen por el cuidado de sus caballos, como quitarles la silla, cepillarlos o alimentarlos", señala Décamps.

Laberinto de caminos

Después, ante los ojos de los integrantes de la caravana, desfilarán infinidad de cuadros. El Boquerón de las Majadas, los bosques del área ixil pasan y la imponente meseta de piedra domina el paisaje desde la aldea Palob, Nebaj.

Es el país de la papa y de la avena, pero sobre todo de las ovejas. Los jinetes trotan por el laberinto de los caminos bordeados de muritos de piedras y de magueyes. Por los senderos que faldean las montañas, sólo encuentran las mulas que vuelven cargadas de mercadería.

El tercer día llevará a los jinetes entre las montañas y ríos de Acul y al final de la jornada, la paz de la hacienda San Antonio, famosa por su queso, se encargará de acoger a los integrantes de la caravana. Tortillas con queso, una tacita de café o una cerveza servirán de mucho.

En el área ixil, en el recorrido hasta Acul, Nebaj y Chajul, los ríos se hacen más frecuentes, las montañas se cierran y se vuelven más oscuras, solo contrastadas por el corte rojo sangre de las mujeres ixiles.

El cuarto día en la cumbre obliga a los clientes a abandonar el paisaje de las planicies y su vista se desliza al faldear las montañas. La noche se pasa en una casa comunal de Chuatuj a 3200 metros de altura.

Después de cuatro días, el momento final del paseo está cerca. Entre trotes y galopes los jinetes avanzan en la meseta salvaje y solitaria, previo a bordear el impresionante desfiladero del Pericón. Por la tarde, el hostal de adobe pintado de blanco y la teja de barro de su techo anunciarán que la travesía ha finalizado.

Nobles bestias

El centro cuenta con once caballos de origen "cuarto de milla". Los propietarios del Unicornio Azul dicen que "los caballos son finos para que disfruten los jinetes. Suficientemente nobles para que los monten personas sin experiencia previa ecuestre y suficientemente rústicos para recorrer montañas.

El paisaje que se presenta ante los ojos de los jinetes es variado. La Botija, Chiantla, Huehuetenango, es uno de estos.

El centro está ubicado en un amplio terreno rodeado de planicies y pequeñas lomas. Tiene una caballeriza, potreros y un hostal para los jinetes que pretenden estar varios días. "Nuestro hostal no fue concebido como un hotel, sino como un lugar que reúne a amantes de la naturaleza y de los caballos en un ambiente sencillo y familiar", señala Décamps.

Para vivir la aventura se debe ir preparado. El frío obliga a llevar ropa especial. Es indispensable traer prendas que mantengan el calor. Suéteres, chumpas de lana, gorros y calcetas o calcetines gruesos. "Conviene traer ropa caliente, porque estamos a más de 3 mil metros de altura", señala Mejía.

Pese al frío, los rayos de sol queman la piel, por lo que es necesario llevar una crema solar. Además. para los paseos que incluyen noches fuera del centro, es indispensable una buena bolsa de dormir.

Las instalaciones no desentonan con la comunidad, están construidas en el estilo de la región: de adobe con techo de teja. El hostal cuenta con tres habitaciones y un baño común, para una capacidad máxima de ocho personas. "Pero si vienen más personas podemos ofrecer dos habitaciones en nuestra propia casa", señala Décamps.

La pareja dice que continuarán con su proyecto, ya que hasta el momento se encuentran satisfechos con la acogida que ha tenido; sin embargo, están conscientes que es quijotesco. Con un sonrisa Décamps dice: "Somos dos locos en medio de estas montañas".

 

Listas para defenderse
El liderazgo, el respeto y la defensa de los derechos humanos forman parte de la nueva actitud de más de 80 mujeres mayas de Huehuetenango.

Por: Nancy Avendaño
Fotografía: Carlos Sebastián

Los sábados, las mismas aulas que ocupan los estudiantes de la sede de la Universidad Rafael Landívar, URL, de Huehuetenango, albergan a decenas de mujeres mayas de diferentes municipios de ese departamento. Algunas llegan de sitios lejanos como San Mateo Ixtatán, cuyo viaje en bus requiere de alrededor de ocho horas, otras, de poblaciones más cercanas.

Para Reichenbach la cámara era afición de fin de semana.

El lugar de procedencia y el colorido de la vestimenta no es lo único que las diferencia del resto de alumnos. Aunque asisten a una universidad y recibirán un diploma, su escolaridad es limitada, como sucede con la mayoría de mujeres indígenas del país. Las más avanzadas concluyeron tercero básico, otras, apenas terminaron la primaria y, las menos afortunadas, sólo cursaron hasta tercer grado.

Sin embargo, todas poseen una característica común: tienen habilidad para ser líderes. Eso ha sido suficiente para que los organizadores las tomaran en cuenta. "Hemos aprendido que no se necesita tener muchos conocimientos para ser lidereza", dice la coordinadora general del Programa de Capacitación de Mujeres Indígenas, María del Carmen de Colmenares.

De esa cuenta, hace dos semanas, el programa concluyó la capacitación de 87 mujeres mayas, la cual duró cinco meses y será impartida a tres grupos más. Los temas giraron en torno a identidad, comunicación y liderazgo; acuerdos de paz; derechos humanos y de la mujer indígena. "Conocer sobre ello les permite participar e influir en sus comunidades", dice Sergio Vives, director de la sede de la URL en Huehuetenango.

Los organizadores eligieron trabajar con la población de ese departamento por ser una de las que presenta los índices más bajos de desarrollo humano. También porque ahí conviven ocho etnias mayas.

Ser parte de la sociedad

A Eulalia de León, una mujer de 51 años de la etnia q´anjob´al, el curso la ha afianzado en su propósito de abrir cada vez más la participación de la mujer indígena en la vida de la comunidad. "Es muy importante conocer nuestros derechos para hacerlos valer", dice. De hecho, ella empezó a abrir brecha en su pueblo, Santa Eulalia, hace siete años cuando se formó una asociación de mujeres.

"Hoy somos 85, tenemos un vivero y constantemente reforestamos", dice. Para ella, involucrarse en esa actividad le ha permitido tener participación ciudadana y manejar fondos propios. "No teníamos costumbre de hacerlo. Si los esposos nos daban dinero, bueno, si no, a sufrir", dice, mientras explica que muchas indígenas viven "como si no fueran parte de la sociedad". En su comunidad algunas siguen siendo marginadas y jamás toman una decisión, sufren violencia intrafamiliar, malos tratos por parte de los esposos y sometimiento. "Creen que así debe ser", explica. "Por eso, cuando uno comparte con las demás mujeres lo que aprende aquí, surge esperanza".

De León sabe que capacitarse le permite educar mejor a sus hijos. "A los varones les he enseñado que ellos deben ayudar en el oficio de la casa, a la niña que cuando se case no será para ser esclava", afirma.

Insertarse en la comunidad

Involucrarse en la vida de la comunidad no es fácil para la mujer indígena. "Cuando empezamos en la asociación nos veían como si fuera un espectáculo y a nuestros maridos les decían que habían perdido los pantalones", indica De León. Sin embargo, con el tiempo las cosas empiezan a cambiar. "Algunos hombres ya comentan que las mujeres sí pueden y que son más responsables", añade.
Ese cambio de mentalidad permitió a Juana Elena Montejo Díaz —una jóven poptí de 27 años, del municipio de Jacaltenango—- asistir a la capacitación.

Para capacitarse, Elena Montejo viajó desde Jacaltenango junto a sus dos hijos.

"Agradezco a mi esposo porque me ha dejado viajar, a otras se los niegan", dice. Montejo llegaba a la URL todas las semanas pese a vivir a seis horas de distancia, estar embarazada y llevar consigo a su hija de cuatro años. A las últimas clases, asistió acompañada de su pequeño hijo, quien el día de la graduación apenas tenía 40 días de nacido. "Perseveré porque me interesé en los derechos del niño y la mujer indígena, los cuales desconocía", dice. "Eso me ha permitido desenvolverme mejor en el pueblo", añade. Ahora, Montejo quiere compartir ese conocimiento con más mujeres de su étnia. "De nosotras depende cómo será la vida de nuestos hijos e hijas", dice.

Forjar el futuro

Maricela Mendoza Santizo tiene 20 años, vive en San Mateo Ixtatán y pertenece a la etnia chuj. Su interés por el desarrollo de la mujer hizo que al escuchar en la radio una convocatoria para participar en el curso sientiera el deseo de asistir. "No sabía qué hacer pero lo comenté con mi papá", dice. La insistencia hizo que su progenitor la acompaña a la cabecera departamental para entrevistarse con los organizadores. "Afortunadamente me aceptaron a mí y a mi hermana", dice.

Intercambiar experiencias con otras mujeres mayas y reflexionar sobre la dignidad de la persona le ha permitido tomar consciencia de la injusticia vivida por muchas mujeres de su pueblo. "Casi no las dejan salir, sólo para ir a moler", indica. "Eso pasa porque así trataron a los mayores y creen que así debe seguir siendo", indica. Sin embargo, está consciente de la necesidad de romper barreras. "Cuando veo actos de discriminación, me opongo y explico que todos tenemos derechos", añade.

Saltar obstáculos

Echar a andar el curso no ha sido fácil para los organizadores. Una de las estudiantes que tenía permiso de la madre para asistir dejó de hacerlo, pues el hermano se lo impidió. "Le dijo que no fuera andalona y la golpeó", explica la coordinadora de monitoreo y seguimiento, Gladys Figueroa.

El esfuerzo por convencerlo no dio fruto. En cambio, a otro hombre —un padre de familia que se oponía a la asistencia de su hija, pues le habían dicho que los derechos humanos eran diabólicos— sí fue posible persuadirlo. "Le explicamos el contenido a él, su patrón, el pastor y el alcalde", dice Figueroa.

De historias como esas da fe la facilitadora del curso, María Irene Sales, una mujer indígena que ha concluido el programa de Traductor Legal en la URL y ahora se prepara para seguir la carrera de abogado y notario. "El sistema ha hecho que soportemos y toleremos la discriminación, pero no hay razón para seguir viviendo así", dice.

Pensar de esa forma le permite estar satisfecha con el curso impartido. "Muchas alumnas vinieron llenas de estereotipos, seguras de que su vida no podía cambiar", comenta. Pero ahora, añade, "tienen más confianza, se atreven a hablar y están buscando formas de revertir la situación". No obstante, Sales sabe que el reto es grande, pues no siempre las puertas de las comunidades están abiertas. "Muchas requerirán de seguimiento y apoyo", comenta. En ese sentido, de Colmenares explica que el programa las acompañará a través del aula a distancia y que se planifica un segundo curso para ellas.

El esfuerzo es positivo y ha empezado a dar los frutos. Ojalá sirvan de ejemplo y motivación para el resto de la sociedad guatemalteca.

 

El Cimarrón, una experiencia abismal
Observar un enigmático agujero de casi 400 metros de profundidad y 600 de diámetro, cuyo fondo está cubierto por un espeso bosque, es una vivencia que desafía la mente, conmueve al espíritu y hace temblar al cuerpo.

Texto: Lili Beteta
Fotos: Jorge Morales

Un ave se eleva desde el fondo, rompiendo el silencio profundo con el cual la naturaleza misma parece rendir respeto a El Cimarrón. El trinar del diminuto pájaro se intensifica con el eco que se produce en el gigantesco agujero y su vuelo, lento y en círculos, permite imaginar el remolino del viento en el vacío.

Una piedra de regular tamaño tarda 9 segundos en tocar el fondo del agujero y el sonido es intensificado por el eco.

Estamos en la boca de El Cimarrón, el agujero de enormes proporciones que se descubre al noroeste del municipio de Nentón, Huehuetenango. El hoyo, que parece haber sido hecho por un gigantesco taladro, tiene una forma cilíndrica casi perfecta y en sus paredes muestra roca caliza, la cual también puede encontrarse en piezas de diferentes tamaños en varios metros a la redonda.

Se cree que el bosque, totalmente quieto en el fondo del agujero, es alimentado por un arroyo que podría ser un ramal de los lagos de Monte Bello, situados a pocos kilómetros de distancia. El bosque es refugio para varias especies de aves y, según pobladores de comunidades cercanas, también lo habitan animales salvajes.

De Pancho Villa e historias de miedo

De acuerdo con los habitantes de Nentón, hasta ahora es casi nula la información científica respecto a esta formación geográfica y las formas de vida que existen en su interior. Pero las preguntas que los expertos en geología no han resuelto, encuentran respuesta en la imaginación y pensamiento supersticioso de los pobladores, quienes han entretejido un sinfín de historias alrededor del misterioso agujero.

La más popular de estas narraciones cuenta que en su huida de la milicia mexicana, los rebeldes comandados por Pancho Villa llegaban hasta la boca de El Cimarrón y lanzaban al fondo mulas cargadas con oro y plata, para no entregar la riqueza a sus enemigos en caso de ser atrapados. El agujero está situado a 15 minutos, en vehículo, de la frontera con México.

Los más supersticiosos dicen que es “el Viejo” o el Diablo quien cuida la paz de El Cimarrón. Por eso, la tradición popular anota que quienes han intentado llegar al fondo, han enfermado o han muerto. Aníbal Salazar, ex alcalde de Nentón, cuenta el caso de un amigo suyo de origen inglés, quien después de conocer el agujero se obsesionó con la idea de explorarlo. Lo logró, señala, pero se volvió loco y ahora recibe tratamiento psiquiátrico en su país.

Jesús Rojas, originario del municipio de Jacaltenango, pasó su adolescencia en una localidad cercana a El Cimarrón y recuerda que hace más de 30 años descubrió un campamento de jóvenes que deseaban llegar al fondo. Después de varios intentos fallidos, dice, decidieron hacer uso de un helicóptero, con el cual alcanzaron más de la mitad de la distancia y después usaron escaleras.

Don Jesús supo que aquellos exploradores lograron su objetivo de extraer oro y plata del fondo de El Cimarrón, pero que debieron emprender el ascenso de inmediato ya que descubrieron huellas de animales que, creyeron, podían matarlos.

Se dice también que “el hoyo”, como los pobladores lo llaman, fue hecho por un meteorito que habría sido, además, responsable de la extinción de los dinosaurios.
Las historias y anécdotas agregan interés a este territorio virgen que pocos tienen el privilegio de conocer, pero no superan la experiencia de absorber a través de las pupilas la impresionante y salvaje belleza de El Cimarrón.

Este viaje se realizó
en colaboración con el INGUAT

Cómo llegar

El Cimarrón se localiza a 35 kilómetros de la cabecera municipal de Nentón. La primera parte del camino dura una hora sobre la carretera de terracería que conduce a la aldea La Trinidad. Allí es necesario dejar el vehículo a un costado de la carretera e iniciar una caminata de aproximadamente 45 minutos cuesta arriba.

El sendero de acceso permite apreciar el paisaje propio de la región rodeada de montañas, así como escenas de campesinos que trabajan la tierra y animales que pastan apaciblemente.

Si decide aventurarse a conocer este sitio, es conveniente que viaje un día antes y que duerma en Nentón, cuya cabecera municipal está situada a 375 kilómetros de la ciudad capital. Necesita, además, contar con la ayuda de un guía. Puede preguntar por ellos en la cabecera municipal de Nentón o en la aldea La Trinidad. Es aconsejable que una persona se quede para cuidar el vehículo.

Las comunidades Guaxacaná y Gracias a Dios se ubican en los alrededores de El Cimarrón, pero el acceso más directo es por La Trinidad.

 


 

 

 

             

 

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