Leyenda
del origen de los pueblos
Cada
poblado de Huehuetenango tiene su propia imprenta histórica. Así, en
San Gaspar Ixchil se cuenta, entre los ancianos, que en aquel tiempo
San Gaspar vino a pasear a los parajes en donde se encuentra
actualmente el pueblo. Al ver todo tan hermoso, se puso a pescar en el
río Cuilco; entonces observó que el mismo traía semillas de chile.
San Gaspar las tomó, las sembró y cosechó buen chile, por lo que el
santo ya no regresó a Chiapas (México), de donde había venido y se
quedó a vivir en este lugar.
Los habitantes del lugar le construyeron una iglesia y San Gaspar
siguió sembrando chile. Desde entonces ese pueblo se llama San Gaspar
Ixchil, "lugar donde nace el chile", ya que ix significa
chile en idioma mam.
Variantes de esta leyenda se repiten en Chiantla, La Libertad, San
Sebastián Huehuetenango y San Juan Ixcoy.
Los otros tipos de leyendas de la región se refieren a narraciones
sobre el origen del maíz y de los dueños de los cerros y las montañas.
Cuento de tradición oral
Dentro de la tradición oral huehueteca abundan los cuentos de
animales, algunos de antigua raíz europea y otros de raigambre maya,
con ecos prehispánicos.
Es así que aparece en Cuilco y San Pedro Necta los cuentos del conejo
y el zorro, en donde el conejo siempre juega de listo frente al zorro,
que es el ser ingenuo.
En Malacatancito y Jacaltenango, se narra el cuento de un mono que se
quema los ojos por robar las joyas de la iglesia. En Barillas se narra
el caso del hombre haragán que es convertido en zopilote, "por
no trabajar las milpas". En San ta Ana Huista y Santa Bárbara,
se escuchan cuentos de animales de corral, como la mujer que se hizo
rica con el huevo de una chompipa, el cual resultó ser de oro.
En La Libertad y Chiantla, se cuenta que había un huérfano que fue
recogido por un hombre rico, quien resultó ser el dueño del cerro.
El huérfano escarbaba las riquezas del señor y al destapar un cofre,
salió una gran nube de humo que el dueño del cerro vio desde lejos.
Regresó y castigó al huérfano por abrir sus cofres y lo echó de la
casa. Dicen los Aj Yol de San Rafael Pétzal, que "el huérfano
fue castigado por tocar las cosas que no le pertenecían".
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Uno de los cuentos
tradicionales más hermosos de Huehuetenango es el del colibrí ,que se
narra en San Pedro Necta, Soloma y Concepción. Dicen que había una
"patoja chula" que se sentaba en el patio de su casa con su
telar de cintura a tejer. Un joven se enamoró de ella, pero no podía
entrar a la casa porque el papá "era muy bravo", entonces el
patojo se convirtió en colibrí; y fue así como la joven se fijó en
los ojos del animal, se enamoró de él, y ya no tejía su huipil. La
patoja agarró el colibrí y lo puso en una jaula, pero éste no se
estaba quieto, por lo que se lo llevó a su tapexco. El colibrí se
convirtió en hombre, enamoró a la mujer y se la robó. Los padres los
persiguieron, pero entonces el patojo se convirtió otra vez en colibrí
y se introdujo en el huipil que ella tejía y ya no salió de ahí.
Por eso es que todas las mujeres jóvenes de Huehuetenango hacen colibríes
en sus huipiles, para esperar al novio que algún día vendrá a sus
vidas.
Otras formas literarias de Huehuetenango, son los cuentos de Pedro
Tecomate, que es una variante huehueteca de Pedro Urdemales, así como
otros bandidos maravillosos como Juan Ixcot de Todos Santos Cuchumatán,
que cuida los caminos y se aparece a los hombres "que tienen malas
intenciones" con las mujeres.
Las leyendas animísticas de aparecidos y ánimas
en pena, también están presentes en Huehuetenango. Variantes de el
Duende, el Tzipitío, la Llorona y la Tatuana, se escuchan en San Gaspar
Ixchil, San Rafael La Independecia y especialmente en la cabecera
departamental. También se escuchan romances, romancillos, antiguas
coplas y décimas, en particular en San Juan Ixcoy.
La vastedad del territorio, las ceremonias sociales y el proceso histórico,
hacen de Huehuetenango uno de los departamentos más ricos en
tradiciones orales sincretizadas que guardan una relación directa con
la ancestral cultura maya.

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